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Centro Fray Bartolomé de las Casas

Filosofía y Educación · Dialogus

Entrevista a Fray Aridio Castro
Vicerrector del Centro «Fray Bartolomé de las Casas». Sacerdote Dominico. Periodista y filósofo dominicano.

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La Filosofía ha estado presente en mi vida desde muy pequeño. A los once años encontré un libro, cabe decir que me gustaba leer y los libros no eran muy abundantes, así que lo leí con avidez. Como es de esperarse, no entendí mucho; sin embargo, me llamó la atención y así comenzó mi interés por esta ciencia. En el bachillerato tuve mi primer encuentro formal con la Filosofía y me encantó, supe que estaba destinado a ella. Por ese entonces no tenía pensado ser sacerdote, pero más adelante, cuando tomé la decisión, la Filosofía continuó acompañándome. Estudiar Filosofía es un requisito para ser sacerdote, aunque en mi caso no lo viví como una obligación. Los cuatro años requeridos de estudio de Filosofía significaron la oportunidad de aprendizajes más profundos.


Entrevista a Fray Aridio Castro

Vicerrector del Centro «Fray Bartolomé de las Casas». Sacerdote Dominico. Periodista y filósofo dominicano.

 

Coméntenos un poco acerca de su formación en Filosofía. ¿Cómo surgió su interés por esta ciencia y cómo se adentró en ella a lo largo de su vida?

La Filosofía ha estado presente en mi vida desde muy pequeño. A los once años encontré un libro, cabe decir que me gustaba leer y los libros no eran muy abundantes, así que lo leí con avidez. Como es de esperarse, no entendí mucho; sin embargo, me llamó la atención y así comenzó mi interés por esta ciencia. En el bachillerato tuve mi primer encuentro formal con la Filosofía y me encantó, supe que estaba destinado a ella. Por ese entonces no tenía pensado ser sacerdote, pero más adelante, cuando tomé la decisión, la Filosofía continuó acompañándome. Estudiar Filosofía es un requisito para ser sacerdote, aunque en mi caso no lo viví como una obligación. Los cuatro años requeridos de estudio de Filosofía significaron la oportunidad de aprendizajes más profundos.

 

¿Qué valor tiene para usted la Filosofía? ¿Qué aporta al ser humano?

El principal valor que encuentro en la Filosofía es el de aportar una herramienta que proporciona la apertura mental, y para mí eso es sinónimo de libertad, uno de los valores fundamentales del ser humano y el más anhelado, porque tiene que ver con la felicidad y la autenticidad de la persona. Algunos juzgan la Filosofía como una ciencia contemplativa y hablan de la necesidad de una «Filosofía práctica». En mi opinión, la Filosofía es en sí misma una ciencia aplicada, porque es un ejercicio de conexión con la vida misma, con el valor de ser y actuar en consecuencia. La Filosofía está estrechamente vinculada a los anhelos de libertad y de felicidad del ser humano y, por tanto, inevitablemente se aplica a diario.

 

¿Con cuáles corrientes y pensadores se siente más identificado? ¿Por qué estas inclinaciones?

Es una pregunta muy amplia, así que trataré de resumirla. Me siento identificado con aquellos filósofos y corrientes que se enfocan en la persona y la sociedad. Prefiero hablar de filósofos más que de corrientes, porque el límite real de una corriente no es tan fácil de precisar en la práctica. Creo que las delimitaciones en parte contradicen al espíritu de la Filosofía.

En lo concerniente al período antiguo, me siento identificado con Diógenes y el cinismo, no tanto por el excentricismo de este filósofo, sino por el sentido de libertad. También me parecen muy interesantes los estoicos por su visión del sufrimiento y el dolor, una dimensión siempre presente en las personas. Esta corriente tiene mucho que aportar al ser humano actual, pero creo que hoy se entiende de una manera muy superficial.

De la Edad Media, Pedro Abelardo y los goliardos, grupo contestatario e irreverente que reclamaba profundos cambios. En el siglo XVI o Edad Moderna están Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca, los cuales reivindicaron la condición de personas de los indígenas americanos, revolucionando el concepto de persona y contribuyendo a la creación de los derechos humanos, el derecho internacional, el derecho de guerra, la creación de la ONU y otros aportes de capital importancia a los que hoy se les presta mucha atención.

En siglo XX el existencialismo, defendido por filósofos como Albert Camus, Gabriel Marcel, Søren Kierkegaard, debido a su esfuerzo por dotar de sentido al ser humano ante un horizonte devastador en el que parece no haber salida. Asimismo me inspira interés el personalismo, en la figura de Emmanuel Mounier y su invitación a hacer Filosofía desde la persona.

También atraen mi atención los filósofos sociales y políticos, pues esta es una dimensión del humanismo. En ese sentido me quedo con dos grandes de la Filosofía: Simone Weil y Hannah Arendt.

De la actualidad me interesan mucho los filósofos centrados en la espiritualidad. Me motiva también la Filosofía del lenguaje, en consonancia con los nuevos descubrimientos de la Psicología y las Neurociencias.

 

 

Además de su inclinación por la Filosofía (y quizás por eso), también tiene una formación como periodista. ¿Cómo llegó al mundo del periodismo y cuál ha sido su recorrido dentro del mismo?

Mi llegada al fascinante mundo del Periodismo y la Comunicación Social fue de un modo fortuito. Siempre me visualicé en el mundo de la palabra, pero no en el periodismo. Los Dominicos tenemos una estación de radio en República Dominicana. Cuando terminé mis estudios fui destinado a esa comunidad. Hasta este momento no tenía idea del mundo de la comunicación.

Esa estación de radio funciona como una escuela de comunicación informal, así que allí aprendí muchas cosas relacionadas con el vasto universo de la Comunicación Social. Y este conocimiento lo validé en Quito, Ecuador. Ha sido la época más fascinante de mi vida. El Periodismo es una carrera que te marca y no es fácil despojarte de él. Sigues siendo periodista aun cuando estás lejos de los medios. Sigues mirando el mundo desde esa óptica.

En la actualidad no ejerzo en el sentido oficial del término, pero continúo siendo periodista. Tengo un blog que se basa en el estilo periodístico, y allí sigo exponiendo mis ideas y mis puntos de vista sobre muchos temas que me interesan. Muchos periodistas también llevan el oficio a otro nivel, me refiero a la literatura. Escribo narrativa y ensayos donde el estilo periodístico está presente.

 

¿Qué tipo de periodismo ejerce? ¿Qué es lo que más disfruta de él?

Fui formado como periodista en ALER (Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica), un estilo de periodismo centrado en buscar y promocionar lo que el Periodismo de masa o tradicional deja de lado: lo cotidiano, lo diverso, lo local y, sobre todo, las cosas buenas que pasan en torno al ser humano. No me interesa el Periodismo carroñero que se centra en buscar todo lo feo y desagradable de la condición humana, que hace leña del árbol caído y sobredimensiona las faltas cometidas. En cambio, simpatizo con el periodismo que cree, promueve y busca lo bello, lo noble y lo bueno del ser humano. Creo que el nombre que mejor se adecua es Periodismo alternativo. No es que esta forma de ejercer la profesión obvie los errores del ser humano, pero no hace de ello su principal foco de atención. En el ser humano también hay mucho de heroísmo y grandeza en lo cotidiano y la normalidad de la existencia, que merece ser enaltecido.

 

¿Cómo se conectan Filosofía, Periodismo y sacerdocio en su vida?

En mi vida no son compartimentos estancos. Están estrechamente relacionados; son tres carreras –bueno, dos, porque el sacerdocio no es una carrera, sino un estilo de vida–, que están profundamente vinculadas con la palabra, la compresión y el conocimiento del ser humano. Cada una me permite profundizar en el maravilloso universo que es la persona.

Quiero señalar que entre Filosofía y Periodismo existe una relación muy estrecha. La Filosofía aporta al periodismo una profundidad de análisis para el debate. Quienes provienen de la carrera de Filosofía son muy valorados en el Periodismo. Conozco a excelentes comunicadores que no vienen de la escuela de Comunicación, sino de Filosofía y Letras.

La Filosofía llegó a mí desde temprano y siguió conmigo como herramienta de aprendizaje en el sacerdocio. El Periodismo nació como fruto de mi primera misión como sacerdote, y bebió de mis estudios anteriores en la Filosofía. Son tres fuentes de vida íntimamente conectadas en mi cotidianeidad.

 

¿Qué representa para usted la Orden de los Dominicos? ¿Cuáles han sido las experiencias más gratificantes dentro de la Orden?

En mi proceso vocacional conocí varias órdenes y congregaciones y, a pesar de lo interesante de sus carismas, ninguna me cautivó hasta que conocí a los Dominicos. Lo primero que me impresionó fue su sentido de la libertad, su forma de gobierno donde las decisiones no son impuestas sino consensuadas, el respeto a la individualidad de sus miembros. Me fascinó su amor y pasión por el estudio, por el conocimiento enfocado a un objetivo: servir mejor a la humanidad desde la predicación, que es el carisma de los Dominicos.

No puedo hablar de la experiencia más gratificante, pues me he sentido muy bien en todas las tareas que he realizado y en todos los espacios donde he estado. Han sido tareas muy diversas: profesor, periodista, párroco, entre otras.  Como todo en la vida hay altas y bajas. He disfrutado en cada uno de los lugares donde he sido asignado. Cada uno ha tenido sus propios desafíos y gratificaciones.

 

¿Cómo ha sido su experiencia en Cuba? ¿Qué matices ha aportado el encuentro con nuestra cultura?

Viajar a otro país es una de las experiencias más ricas en aprendizaje y que más ayudan a expandir la mente. En muchos aspectos siento que sigo en mi país, pues somos caribeños y tenemos mucho en común. Es lo primero que he aprendido: la particularidad de los caribeños frente al continente. Cuba, y especialmente La Habana, es una ciudad muy cultural donde se pueden ensanchar los conocimientos en ese aspecto. Es muy segura; su vida trascurre en el exterior, en las calles, parques, plazas. Es una ciudad musical, la más musical que conozco. Tengo pasión por el ciclismo y La Habana es ideal para practicarlo. Todo eso me resulta muy interesante, y les da un sello particular a las personas que en ella habitan y que acuden a nuestro Centro.

 

En su rol actual como Vicerrector del Centro, ¿Cuál considera que es la misión principal del Centro y cómo esta cobra vida en la cotidianeidad?

Creo que la razón por la que se fundó es propiciar un espacio de encuentro, de diálogo y de respeto a la diversidad. Nuestra misión es el aprendizaje y el crecimiento personal, acompañados de otros que buscan y desean lo mismo. Cuando una persona cambia, algo cambia en su ambiente. Con frecuencia escucho a personas hablar de cómo han cambiado al entrar en contacto con la Filosofía del Centro y cómo eso ha impactado en la relación con su familia y ambiente de trabajo. El cambio real viene por lo personal y, al mismo tiempo, estoy convencido de que no mejoramos o cambiamos solos. Algo de eso afecta al otro, aunque a simple vista no se note.

 

¿Cuáles son las proyecciones del Centro de cara al futuro? ¿Qué retos enfrenta y con qué fortalezas cuenta para hacerles frente?

Para ser sincero, el futuro, como lo que está por delante, delo que no se tiene control ni experiencia, es una realidad que no me preocupa. Pienso que la proyección del futuro está en el presente. Si sabemos ir dando respuestas al presente, estaremos preparados para el futuro, sobre todo en estos tiempos donde lo que te funcionó en un semestre puede que para el otro ya no funcione. El verdadero reto y desafío no está en el futuro, sino en el presente.

El reto es la opción por el ser humano en una época de la historia como la que nos ha tocado vivir, en la que la persona forma parte de una cadena de producción y consumo. En mi opinión, el reto de este Centro y su fortaleza están en optar por los valores que promuevan la dignidad de la persona.

 

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